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LAO TSÉ Y EL SIGNIFICANTE

Unión de Oriente y Occidente: Psicoanálisis

Leyendo a Lao Tsé, taoísta chino, he tomado el siguiente aforismo:

“La orden que no es pronunciada y la visión que no mira, son los medios por los cuales los sabios se convierten en líderes.

De una manera natural, por la sensibilidad de la vitalidad esencial, acuden sin ser llamados y van sin ser enviados. Es un profundo misterio y nadie sabe qué es lo que hace que esto se produzca, pero los efectos se desarrollan de manera espontánea”.

Nos impresiona la precisión con que describe ciertos fenómenos psíquicos provenientes de mecanismos inconscientes, en una descripción de tipo fenoménica – de las conductas que se ven a simple vista. Lao Tsé es un observador notable de las formas en que se manifiestan los mecanismos inconscientes.

“La orden que no es pronunciada y la visión que no mira…” Sitúa lo  inconsciente; cuando consigue situarse en esta posición, el sujeto produce una influencia sobre los demás, porque la relación entre personas responde a las posiciones inconscientes.

En realidad, la existencia misma del sujeto depende de algo que viene del otro. Lacan formuló una frase: “El inconsciente es el discurso del otro”, que hace alusión a que el mismo ser se hace real, se produce por la forma de verlo que tiene el otro. No necesariamente de uno en particular, pero sí de eso que me viene del otro, como si me iluminara en un cuarto oscuro y me hiciera visible. Dice también que “El amor es dar lo que no se tiene a alguien que no lo es”. En síntesis es algo parecido a lo que Lewis Carroll nos ha legado en sus libros sobre el país de los espejos.

Cuando pronunciamos la orden – yendo en contra de Lao Tsé – cuando queremos mirar, no se produce el efecto sobre nosotros del que nos mira, ni el nuestro sobre él. El nos mira sin saber que en su mirada nos hace ser y asimismo nosotros con él. Eso es el amor, donación del ser.

“De una manera natural” nos dice, “por la vitalidad esencial, acuden sin ser llamados y van sin ser enviados”. Es la mirada del otro que nos da el ser, una donación de símbolos.

Esto se entiende en Lacan por su teoría del significante, que señala que el alma es habitante del lenguaje cuyo sentido gira en función del desplazamiento del significante, una especie de ruedita de símbolos en permanente cambio según a quién miro y quién me mira, en un deseo eterno.

Luis Schnitman

Madrid. 20.10.2009