Archive | octubre 2016

“TODO, ENTRE LOS MORTALES, TIENE EL VALOR DE LO IRRECUPERABLE Y DE LO AZAROSO.” Borges.

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Si es azaroso ¿por qué soy yo?

Si es irrecuperable ¿cuándo fui yo?

Qué soy sino un fluido, el río de Heráclito que va de la nada a la nada. Que no va a ninguna parte, sólo va por el gusto de ir, como de viaje. Como decía Menassa, que el objeto del deseo es desear.

No tiene diferencia que dure para siempre o se disuelva en la eternidad.

Si todo es fluido, circunstancial y azaroso y si eso nos marea, es porque esperamos, lo sepamos o no, algo sustancial, como una piedra que dure mil años en nuestro interior.

¿Qué cambia al morir? Nuestra consciencia que se apaga, que deja de saber.

La idea del morir se me hace como una vela que se apaga. Qué se apague no hace que la llama de la vela no haya estado encendida.

Esta angustia metafísica, este desvanecimiento ante la visión de la fugacidad de la vida, ha de estar basada en un prejuicio de eternidad.

Es sólo un desvanecimiento. Pero no lo podemos creer.

¿Por qué será que no lo podemos creer?