Archive | abril 2016

EL SUICIDIO ES EN SI MISMO UN BENEFICIO

 

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Se le pedía a la gente que se sacrifique para obtener un beneficio: Sacrifica tus entradas para engordar las empresas que así crecerán y te darán un beneficio. Es la ¨Teoría del derrame’.

Ahora el sistema neoliberal se ha radicalizado al remitir toda decisión al dios mercado, no permitiendo planificación: ‘El mercado hablará en cada momento y te dirá cuáles serán los negocios’.

Es una apuesta a la nada. Se ha visto que esto tiende a fracasar. Por lo cual se le pide a la gente que se sacrifique para no obtener ningún beneficio, como en una secta suicida, en que el suicidio en sí mismo es un beneficio. Somos ahora beneficiados como los terroristas suicidas con un futuro en los cielos después de haber sido convertidos en carne molida. Ay, ay, ay.

Los medios de comunicación son los sacerdotes que transmiten el mensaje a nivel inconsciente. Estos tipos son unos genios.

 

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BRASIL – DICE JOSÉ EDUARDO CARDOZO: *

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Un proceso como ese, sin delito ni dolo, es un golpe de Estado. 

*Este contenido ha sido publicado originalmente por teleSUR bajo la siguiente dirección:

http://www.telesurtv.net/news/Cardozo-Juicio-politico-es-un-golpe-a-la-democracia-de-Brasil-20160417-0058.html. Si piensa hacer uso del mismo, por favor, cite la fuente y coloque un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. www.teleSURtv.net

“El Abogado General de la Unión, José Eduardo Cardozo, aseveró este domingo que el juicio político abierto en la Cámara de Diputados este domingo fue una decisión de naturaleza puramente política que constituye un golpe de Estado.”

“Cardozo que representa a la mandataria frente a la comisión acusadora calificó de absurdo destituir a una presidenta que no ha cometido delitos ni ha robado un centavo. Y un proceso como ese, sin delito ni dolo, es un golpe de Estado”.

 

 

SUJETO NEOLIBERAL:

COMO EL ´SOMA´ DE HUXLEY (PÍLDORA HOMOGENEIZANTE DE LA PERSONALIDAD).

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El neoliberalismo, forma postmoderna del capitalismo, no es sólo un modelo de producción económica, sino que produce también una forma de personalidad; un modelo de sujeto sin las paradojas del inconsciente, homogéneo, carente de pensamiento propio, un sujeto mercancía, que vale para comprar(se) y para vender(se).

Como en el libro de Aldous Huxley “Un mundo feliz” – en el cual con notable capacidad de anticipación visualiza este sepultamiento de la humanidad – el estado controla todo instinto primario de los ciudadanos, todo deseo incorrecto, mediante una mayor o menor dosis de “soma”, una sustancia estabilizadora, combinada con sugerencias cognitivas implantadas mediante frases hipnóticas. Hoy en día los antidepresivos y la publicidad ocupan esa función.

Freud descubre que el ser humano vive en un sueño. “Pues bien”, pensaron los cerebros del poder, “podemos hacerlo soñar de un modo dirigido, construyéndole una visión conveniente de la realidad para evitar los problemas de su conflictivo inconsciente”.

El poder demiúrgico de la palabra.

Es la capacidad que tiene toda frase en el instante en que es pronunciada de producir un impacto de sentido, que hace que sea creída absolutamente por quien la escucha, incluyendo al mismo que la dice ya que éste también la escucha.

Un ejemplo de esta capacidad del discurso puede verse cuando escuchamos las invectivas de los representantes en los congresos nacionales que se envían de un lado al otro de los partidos del poder; sentimos que lo que se acaba de decir es imposible de controvertir – a veces sentirnos el temor de que ha caído para siempre un mundo de sentido – sin embargo, sorprendentemente, cuando es contradicho por la bancada opositora queda perdida esa  sensación de verdad para ser sustituida por la convicción contraria igual de absoluta e incontrovertible. ¿A dónde han ido a parar tanto la una como la otra… como todas las sensaciones impuestas por la palabra?

Funciona así debido a que el ser humano es un sujeto del lenguaje, su esencia son las palabras; como lo dice Jaques Lacan, vive en la “dicho-mansión”, la mansión del dicho; nada del hombre está fuera del lenguaje. Toda palabra pronunciada tiene el poder de sentirse como verdad por el oyente.

Ese mismo mecanismo está en la base del delirio de persecución en que la persona escucha voces que, de una forma disociada, ejemplifica lo que siempre somos, unos que escuchan voces propias y ajenas producidas por los dichos del lenguaje que nos habita.

Normalmente sentimos que nuestra consciencia piensa ideas y frases con cuyo sentido nos identificamos, lo tomamos como propio; el paranoico en su delirio muestra que “ve” lo que lo habita y alarmado lo trata de borrar. Lo saca para afuera, pero vuelve desde el exterior, disociado, separado de sí, pero conservando el miedo que lo embargó ante su descubrimiento. Como si nos dijera: es otro el que me habla, no es mi consciencia, no soy yo.

Para curar su delirio el paranoico necesita   que alguien le diga que siempre ha escuchado voces de fuera y también de dentro, que por eso ha existido, que no hay razón para que tema las voces que vienen de fuera ya que siempre han estado fuera de sí sin saberlo. Que lo que le pasa en realidad es que sabe demasiado, más de lo que puede entender, más de lo que nadie puede.

Es cierto que la sugerencia de la palabra pronunciada, la puede trastocar, borrar, sustituir por una verdad diferente, con otra frase portadora de otro sentido. Para evitar que ocurra, las técnicas neoliberales de ocultamiento-construcción de la realidad rodean la consciencia de un mundo de couchers, entrenadores del alma que manejan tecnologías de discurso que procuran encerrar al sujeto en una red de procesos inducidos de sentido. Tendrás éxito en el mundo y perderás tu ser.

Como antídoto de esta manipulación el instrumento de investigación clínica de Freud, la “interpretación inconsciente”, desarrolla el método de la “asociación libre” que le permite al paciente desandar el camino de las sugerencias traumáticas de su historia hacia la recuperación del propio pensamiento, de la música de las palabras que habita en el hombre desde siempre, como lo enuncia el decir bíblico de Juan el evangelista: “En el principio fue el verbo”.

Puede verse, estos saberes requieren una profundidad ética de la que nuestro tiempo descree. ¿Para qué necesitamos la ética en un mundo de seres mercancías por definición y por necesidad descartables para ser intercambiados por otros, en la enloquecida concepción neoliberal del capitalismo?

Las guerras son también, como el loco, un ejemplo de esta necesidad de intercambio a través del desangre de las civilizaciones.

Necesitamos recuperar otro sujeto, el de la cultura, de la controversia, del cambio creativo, el sujeto poeta del que históricamente provenimos.