Archive | septiembre 2013

CAUSA DEL MATONEO.

PARA SER, LOS PELADOS SE MATONEAN ENTRE ELLOS.

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Esta conducta social exige una idea sobre el ser humano.

Por ejemplo hacer la pregunta ¿qué es el ser humano para que matar/agredir a otro sea una necesidad?

– Se mantonean entre ellos para encontrar un sentimiento de existencia. Como se ha diluido el sentimiento de ser alguien, a consecuencia de la deriva cultural/social, los jóvenes (y los no tan jóvenes) sienten la desesperada necesidad de tener un punto de apoyo a partir del cual sostener un sentimiento de existir.

Sometidos a una simbólica cultural/social que los hace sostenerse al borde del abismo psicótico, pegan para ser, agreden para ser, matan para ser.

Corresponde a lo que hemos denominado Violencia Simbólica.

La idea del ser humano que proponemos es que para existir depende del otro, de la mirada de reconocimiento del otro. La deriva cultural/social ha negado y sigue profundizando en esta dirección una falta de reconocimiento. Se ha dirigido a la vía contraria, nadie reconoce a nadie. Y una forma – terrible, paradojal – de reconocer al otro es agredirlo, pegarle, hasta matarlo.

Esta violencia que llamamos simbólica porque persigue más allá de la misma conducta violenta un efecto en el ser.

Amar, querer, reconocer al otro es el camino del bien, por decirlo así, y esto es más trabajoso. Lleva más trabajo hacer el bien que el mal. El mal se hace con un golpe mental o físico de lastimar, de eliminar, de quitar la dignidad, hasta de matar. ¿Qué gano? Encontrar un lugar para mí, salvarme de la caída en la psicosis. Pierdo algo esencial, claro está, mi dignidad, caigo en la monstruificación, me salvajizo.

En lugar de esquizofrénico, salvaje.

Esta es la propuesta cultural/social que lleva a que los pelados se matoneen unos a otros.

¿Qué es el ser humano? Alguien que depende de la mirada de reconocimiento del otro. De la mirada de amor, que es la que nos ha dado el ser en la primera infancia, proveniente de la madre, y que es una mirada de amor. Esta mirada empieza en la madre y se repica – como las piedras que rebotan sobre el agua – en la sociedad. Siempre buscaremos esta mirada sin la cual caemos en un pozo del que no se retorna.