Archive | abril 2013

ESTA VAINA DEL MATRIMONIO HOMOSEXUAL.

PENSAMIENTO DE VERDADES ABSOLUTAS VERSUS PENSAMIENTO DE VERDADES QUE CAMBIAN DE SENTIDO.

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Se han puesto sobre el tapete argumentos diversos como parte de un debate público que vale la pena seguir en sus detalles.

Sin embargo se me sigue haciendo rara tanta crispación como si, más allá de los valores discutidos – quizás esenciales – se estuviera poniendo en juego alguna cuestión mayor que la producción o cambio de valores, sino una estructura en la que estos se hallasen incluidos.

¿Cuál podría ser?

– Pienso que puede tratarse del pasaje de un tiempo cultural basado en ideas absolutas, por tanto inamovibles a otro en que estas son más polisémicas, que tienden al cambio de sentido, al auto cuestionamiento.

Un mundo regido por el pensamiento dogmático, que supone una situación estática del mundo y otro que tiende a cuestionar lo establecido como dogma y busca mediante el pensamiento la exploración del sentido de las cosas.

Uno que apuesta entonces a la inmovilidad de las concepciones y otro que por el contrario busca la creación de las mismas.

Un síntoma de que esto pueda ser así es el hecho de que se debata alrededor del nombre de matrimonio y no de unión de derechos para las personas con tendencias sexuales diversas.

¿Por qué “matrimonio” y no unión?

Porque se busca en este mismo nombre el símbolo de la igualdad, parecen sostener algunos. Sin embargo si se propugna desde el LGBT una igualdad de derechos, es dudoso o al menos genera un interrogante que esta tenga que estar sostenida por un nombre, fuera el que fuese. Afanarse por lograr este nombre podría tratarse de cierta obsesión. Aunque puede ser válida como maniobra política para conseguir el reconocimiento de la igualdad de derechos entre todos los seres humanos independientemente de sus tendencias sexuales. No lo sé. Me quedo con el interrogante porque me parece que hay en esto una insistencia excesiva.

Quizás haya en estos elementos de argumentación basados excesivamente en algunos símbolos, un síntoma de una falta de teorización sobre lo que significan las tendencias sexuales a nivel de la naturaleza humana – hay que decirlo – de la naturaleza del psiquismo humano.

Desde el punto de vista social en general, los derechos es lo que está puesto en valor en el debate, de eso no hay duda; en el mismo debate todo el mundo está de acuerdo al menos en decir que, como personas, todos tienen iguales derechos.

El psicoanálisis, como teoría del psiquismo tiene algo que aportar en cuanto al  significado de la sexualidad y sus variantes. Este nos dice:

– El amor como mecanismo de reconocimiento del pequeño que llega al mundo, es lo que lo hace humano.

– El deseo es, a partir de entonces, la búsqueda de esa mirada de amor que lo hizo ser.

– La sexualidad es el organizador de la manera de desear que nos dice qué es lo que nos resulta o no nos resulta de interés. Aquí se inscriben las tendencias que, sean cuales fueren, no tienen otro valor para el sujeto que poder inscribirse en el juego de la realidad.

Desde este punto de vista no existe para el sujeto psíquico humano una razón para hacer de esto un sistema de valoraciones. Son – puede sonar vasto – una estructura de mecanismos de construcción de sí y del mundo.

Otra cosa distinta es que las formas de pensamiento puedan haber tomado como base unos valores al respecto de las tendencias sexuales que, al ser cambiados, como parece ser que está en juego en el debate, pondrían en cuestión sus enfoques sociales en diversa medida.

Si esto es lo que está en juego, el llamarlo matrimonio o unión humana o como fuera, no sería la cuestión de fondo. Quizás centrar en el nombre la pasión del desencuentro fuera un síntoma de que lo que está en juego no está claro en la discusión, aunque pueda ser una fase de la misma.