Archive | febrero 2012

SÁBATO. ESPAÑA EN LOS DIARIOS DE MI VEJEZ. (1) Reseñas.

(1) Ernesto Sábato. España en los diarios de mi vejez. Seix Barral. Barcelona. 2004.

Pág. 144. En este lugar del libro Sábato prefiere copiar un texto de Pessoa:

“Me veo aquel que fui en la infancia, en aquel momento en que mi barco regalado se volcó en el estanque de la quinta, y no hay filosofías que sustituyan a aquel momento, ni razones que me expliquen por qué sucedió. Me acuerdo, y vivo; ¿qué vida mejor tienes tú para darme?

   —Ninguna, ninguna porque yo también recuerdo.

   ¡Ah, me recuerdo bien! Era en la quinta antigua y a la hora de la velada; después de coser y hacer punto, llegaba el té, y las tostadas, y el sueño bueno que yo había de dormir. Dame esto otra vez, tal cual era, con el reloj tictaqueando al fondo, y guárdate para ti todos los dioses. ¿Qué es para mí un Olimpo que no me sabe a las tostadas del pasado? ¿Qué tengo yo que ver con unos dioses que no tienen mi reloj antiguo?

   Tal vez todo sea símbolo y sombra, pero no me gustan los símbolos y no me gustan las sombras. Restitúyeme el pasado y guárdate la verdad. Dame otra vez la infancia y llévate contigo a Dios.

   —¡Tus símbolos! Si lloro de noche, como un niño que tiene miedo, ninguno de tus símbolos viene a acariciarme el hombro y a arrullarme hasta que me duerma. Si me pierdo en el camino, tú no tienes una Virgen María mejor que venga a tomarme de la mano. Me dan frío tus trascendencias. Quiero un hogar en el Más Allá. ¿Crees que alguien tiene en el alma sed de metafísicas o de misterios o de altas verdades?

   —¿De qué es lo que se tiene sed en esa alma?

   —De algo como todo lo que ha sido nuestra infancia. De los juguetes muertos, de las tías viejas idas. Esas cosas son las que son la realidad, aunque se hayan muerto. ¿Qué tiene que ver conmigo lo inefable?

   —Una cosa… ¿Has tenido unas tías viejas, y una quinta antigua y un té y un reloj?

   —No lo he tenido. Me gustaría haberlo tenido. ¿Y tú has vivido a la orilla del mar?

   —Nunca. ¿No lo sabías?

   —Lo sabía, pero creía. ¿Por qué no creer en lo que se supone?

   —¿No sabes que éste es un diálogo en el Jardín del Palacio, un interludio lunar, una función en la que nos entretenemos mientras las horas pasan para los demás?

  —Claro que sí, pero yo estoy razonando…

   —Está bien, yo no. El raciocinio es la peor especie del sueño, porque es la que nos transporta al sueño la regularidad de la vida que no existe, es decir, es doblemente nada.

   —¿Pero qué quiere decir eso?

   (Poniéndole la mano en el otro hombro, y envolviéndolo en un abrazo.)

   —Ay, hijo mío, ¿qué quiere decir nada?”

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LO QUE DICE EL GENIO. HAWKING Y EL DESCENTRAMIENTO DE LA MIRADA.

En las palabras de celebración de su 70 cumpleaños mostró humor, asoció vicisitudes circunstanciales de la vida con su pensamiento y reflexionó sobre el estado del conocimiento sobre el universo, diciendo que hay una gran diferencia entre el de hace 40 años y el de hoy, y nos da algunos consejos:

“El hecho que los humanos, que también somos meros conjuntos de partículas fundamentales de la naturaleza, hayamos sido capaces de acercarnos tanto a la comprensión de las leyes que nos gobiernan a nosotros mismos y a nuestro Universo es un gran triunfo.

Intenten encontrarle un sentido a lo que ven y pregúntense por aquello que hace que exista el Universo. Sean curiosos. Y por muy difícil que pueda parecerles la vida, siempre hay algo que pueden hacer y en lo que pueden tener éxito. Lo importante es que no se rindan. Gracias por escuchar.”

Al resaltar el hecho de que los humanitos hayamos sido capaces de acercarnos a comprender las leyes que a nosotros mismos nos gobiernan, da un bello ejemplo de descentramiento.

Aquel que observando el cielo ve girar a su alrededor el sol, la luna y las estrellas y saca la conclusión de lo evidente: La  Tierra es el centro del universo, – como lo hiciera Ptolomeo – se vió después contrariado por las ecuaciones de Copérnico que demostró lo contrario; descentrarnos de los sentidos es el comienzo de la mirada de la ciencia, como dijo Gastón Bachelard: El primer paso del pensamiento científico es geometrizar la representación.

La teoría permite una mirada diferente de la que resulta obvia para  los sentidos.

HEGEL Y LA MUERTE, SEGÚN ZULETA.

Como dice Estanislao Zuleta, el hombre es un ser que para sí mismo es una imagen especular; es decir, alguien mortal, perdible.

Hay una fórmula de Hegel muy bella, sobre este punto:

“Los animales no saben que se van a morir porque nunca han sabido que están vivos”.