Archive | febrero 2011

EUROCENTRISMO ¿HIPOCRESÍA O ESTUPIDEZ?

Volviendo a ver la película clásica El puente sobre el río Kwai me llamó la atención  que  en la discusión sobre principios entre el coronel inglés capturado y el japonés director del campo de prisioneros, el inglés llama al otro no civilizado.

Creo que en el guión de la película, en la discusión ética lleva la razón  el inglés pero, más allá de eso, al considerar al otro como salvaje, la argumentación toma su base en la posición política del euro centrismo, consistente en considerar a los europeos como la única civilización, quedando las demás reducidas a ser salvajes o primitivas.

En la antropología esta noción quedó deslegitimada en la discusión sobre el buen salvaje, viéndose que los no europeos no eran como niños buenos ni salvajes sino verdaderas civilizaciones, algunas de ellas con elementos más relevantes que los de Europa, y los europeos, con sus logros podían ser tan salvajes como cualquiera.

Por eso en el título nos preguntamos si el euro centrismo es el típico pensamiento soberbio de aquel que se adjudica a sí mismo una superioridad insostenible desde el punto de vista de la razón, sobre los demás hombres motivado en la propia ignorancia, o si es la hipocresía de aquel que hace a conciencia una maniobra para desvalorizar al que quiere dominar.

¿QUÉ LES PASA A LOS MUSULMANES CON LOS CABELLOS DE LA MUJER?

Sabemos que se trata de un ritual simbólico y que el sentido suele sostenerse con este tipo de conductas, pero desde el asombro nos preguntamos por la circunstancia que hace que en la cultura musulmana esta parte de la anatomía femenina deba ser cubierta.

FOLLETT Y EL DESEO

“Ella sacó una cajetilla de cigarrillos y se llevó uno a los labios. Él lo encendió, emulando lo que Gus Dewar había hecho el día anterior. Era un gesto íntimo, que obligaba a la mujer a agachar la cabeza y permitía al hombre mirarle fijamente los labios. Tenía algo de romántico.”

Ante la descripción tomada de un libro de Follett, sentí dos cosas paradójicas. Por una parte la escena mostraba la nulidad material en que se basa el deseo y su objeto. Por otra el milagro de una construcción subjetiva que hace que algo de la realidad sea deseable. Entre ambas la ternura que suscita el humanito.

Un texto de Zizec Martes 6 de enero de 2009.

¿QUÉ COJONES SOMOS?

En uno de sus seminarios (inéditos), Jacques-Alain Miller comenta un inquietante experimento de laboratorio con ratas: en un sistema de laberintos, primero se hace fácilmente accesible a una rata un objeto deseado (algo de comida o una pareja sexual); a continuación, el laberinto se cambia de tal manera que la rata vea, y, de este modo, sepa dónde está el objeto deseado, pero no pueda acceder a ello; a cambio, como una suerte de premio de consolación, se pone a su alcance una serie de objetos similares de inferior valor; ¿cómo reacciona la rata? Durante un cierto tiempo, intenta encontrar el camino al objeto “verdadero”; luego, una vez se ha asegurado de que ese objeto está definitivamente fuera de alcance, la rata renuncia a ello y se conforma con alguno de los objetos inferiores sustitutivos. En resumen, actúa como un sujeto “racional” del utilitarismo. Pero es ahora solamente cuando empieza el verdadero experimento: los científicos practican una operación quirúrgica a la rata, metiéndole mano al cerebro, haciendo cosas con rayos láser de las cuales, como dice Miller con delicadeza, es mejor no saber nada. ¿Qué ocurrió, pues, cuando la rata operada se perdió otra vez en el laberinto aquel en el que el objeto “verdadero” era inaccesible? La rata insistía: nunca conseguía reconciliarse completamente con la pérdida del objeto “verdadero” ni resignarse a aceptar uno de los sustitutos inferiores, sino que volvía una y otra vez a él, intentando alcanzarlo. En resumidas cuentas: la rata, en cierto sentido, se había humanizado, había asumido la trágica relación “humana” respecto del inalcanzable objeto absoluto, el cual, debido a su misma inaccesibilidad, cautiva nuestro deseo para siempre.